“El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.”
Esa luz que me cegaba los ojos se fue haciendo cada vez más intensa. No podía saber qué es lo que se encontraba enfrente de mí. ¿Qué era eso? … la luz del ocaso era totalmente opacada por lo que se encontraba a mi lado. ¿Será que al final yo he muerto? ¿Por fin se había acabado este sufrimiento?
La humedad del lugar penetraba hasta mi cuerpo. Todo era muy helado y no aguantaba el frio. Me había despertado de una terrible pesadilla. Después de varios meses había sentido la conexión que un día mi maestro me hablo.
Los sueños seguían siendo lo mismo cada vez, pero hoy había notado algo diferente. Me levante y me quede sentado a la orilla de la cama. Frote mis ojos y trate de recuperarme. Intentaba recordar exactamente qué es lo que había soñado y lo que había sentido en el. Los fragmentos eran vagos y no sabía con certeza que es lo que me comunicaba. ¿Cuál era la señal?
Observe la ventana. El sol apenas empezaba a ocultarse detrás de las montañas que rodeaban el lugar. El anochecer se acercaba.
Debía comunicar inmediatamente al consejo sobre lo sucedido. Hoy habíamos llegado a las tierras, pero el consejo aun no estaba listo para recibirnos como era debido. Decidí tomarme un baño y recostarme un poco, el viaje había sido muy largo.
Mi pecho comenzaba a latir apresuradamente, como en aquella noche que deje ir a Airam. El ardor me sofocaba, me lleve una mano al corazón, pero el dolor era insoportable. Comencé a vociferar alaridos, caí de la cama me tumbe en el suelo retorciendo mi cuerpo. Las lágrimas comenzaron asomarse en mi cara, el dolor era penetrante.
- ¡Dante! – grito el maestro golpeando la puerta frenéticamente – ábreme. ¿Qué está pasando?
De mi no salió alguna palabra coherente, solo aullidos.
- ¡Dante! – golpeaba la puerta.
Escuche un fuerte rudo. Tumbo la puerta.
- ¿Qué te pasa? – veía mi sudor caer por mi cara, mi piel color yeso y las lagrimas que se perdían con mi sudor.
El dolor se dispersaba y ahora sentía un vacio inmenso.
- Solo… - era difícil hablar.
- Cálmate, te pondré en la cama y te traeré un vaso con la bebida.
- No – dije con esfuerzos – No es eso. Creo que Airam… no se, ha pasado algo con ella.
Mi maestro inmediatamente observo la ventana. Vi en él reflejados los colores naranjas y rojos que del cielo salían. Su mirada era fría.
- El ocaso.
- ¿Mande?
- Creo que debes de prepárate. Se viene algo muy duro. Necesito que te prepares. Emocional y físicamente. No te será nada fácil.
- Pero de qué rayos está usted…
- ¡Calla!
Se fue del cuarto.
Las nubes color rojo, amarillo y naranja aun no dejaban de verse. Sus colores eran muy llamativos y más vivos que cualquier otro atardecer.
El arder de mi pecho aun lo sentía, poco… como si quedaran cenizas de él fuego. Deje de mirar a la ventana y me pare del suelo lentamente. No quería vestirme, no quería prepararme. ¿Qué era eso que se venía? Solté un suspiro nostálgico.
Los cinco espectros iban caminando bajo la sombra de los grandes árboles que adornaban el bosque. Estaban listos para lo que sucedería en aquel ocaso. El principal tenía una caja de madera que apretaba fuertemente contra su pecho, evitando que alguien pudiera adueñarse de ella.
El frio comenzó a sentirse alrededor de los presentes a la reunión. Ellos se limitaron a mirar alrededor. Solo siguieron el camino a donde tenían que llegar, antes de que concluyera el final de aquel día.
Su objetivo iba hacer alcanzado y por fin su misión concluiría.
Esa luz era penetrante, me cegaba completamente. No dejaba que viera otra cosa más. Una de sus manos toco mi rostro suavemente desde la frente hasta tocar mis labios con dulzura. Me desesperaba no poder ver quien era aquella persona que me trataba con tanta delicadeza. Solté un suspiro profundo pero de amor.
Susurro unas palabras en mi oído que no pude descifrar, eran como las que había oído de esas dos personas.
Bajo a mi brazo lentamente hasta encontrarse con mi mano. La apretó fuertemente y la entrelazo con la suya. Sentía un calor cálido, como si con ese sencillo contacto me transmitiera tantas cosas, sentimientos, experiencias. Lo conocía… ese tacto lo conocía…
No podía ver aun, todo era blanco. La luz enfrente de mi era brillante y blanca, entre colores azules y rosas.
Dejo de tomar mi mano y hablo
- Eres mía otra vez.
Baje rápidamente por las escaleras hasta donde conducían al gran salón donde se celebraba la reunión del consejo. La puerta delante de mí era enorme de hierro forjado con extrañas figuras que la hacían ver espeluznante.
Entre en el cuarto, las sillas estaban acomodadas por todo el salón formando hileras rectas. Listas para que cualquiera llegara y se sentara. Pero no había nadie, salvo dos personas más.
- Dante, al fin has bajado. Estuve a punto de ir a buscarte.
- Lo siento maestro. El dolor aun no cesaba.
- Entiendo. – asintió la cabeza y se dirigió nuevamente a la otra persona – el ocaso no terminara en unas horas, recuerda que específicamente hoy es cuando tarda más en ocultarse el sol.
- Si querido amigo, debemos de andar con cuidado. Aun no sabemos quién es el responsable del despertar.
Yo aun seguía mas confundido.
- Tenemos nuestras teorías, pero hay que estar con cuidado.
- Lo sabemos, Dante – me señalo con la cabeza – es el único que puede controlar la situación que se vive ahora.
- Espero que tus esperanzas no sean erróneas.
- No lo son. Confió plenamente en mi intuición, desde que tuve a este muchacho delante de mí. Es uno de los SIR KIND el puede, yo se que así será.
- Sigue con los planes. Nosotros nos reuniremos en el lugar. Tienes que estar muy alerta – se dirigió a mí. – no comentas ninguna estupidez.
El se retiro y nos dejo solos.
- Dante.
- ¿Qué? – conteste molesto.
- Más respeto.
- Como me exiges eso si no comprendo , ¡con un carajo! – grite exasperado.
- Tenemos que buscar a Airam.
- Yo no quiero ir a buscarla.
- Tenemos que ir.
- No.
- Dante…
- No me insistas, ella no es parte de mí, ya no lo forma. Y la señal esta desde que ese fuego en mi surgió hace rato. Me quemo de su existencia, yo ya no la siento.
- No es por eso.
- ¿Entonces qué?... a ¿Muerto? Y si me dices eso seré la persona más feliz. Estoy harto. – azote una silla con mi pie.
- Tú eres dueño de tus propias decisiones y de cambiar el destino. Tu destino. No está escrito en piedra y papel. Ese destino lo decides tú. Y ya sabrás las consecuencias de aquello que decidas hacer.

























































































































1 Revelar Secretos:
aaa que alegriay que placer leerte de nuevo, ay ya esta yo por rogarte para que me deleitars con otro capitulo pero me has ganado, gracias,.
aaa muero de la curiosida que s lo que va a pasar.
estos ultimos capitulos han sido un poco raros y poco reveladores en cuanto lo que va a pasar esperemos que nos regales otro capitulo pronto.
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